Andrea Rodriguez
AP
La Habana --
Las grúas que sacan gigantescos hierros retorcidos y escombros
oxidados ofrecen la promesa de un nuevo amanecer para el puerto de La
Habana, convertido desde hace tiempo en una sucesión de muelles
carcomidos con una refinería que vomita humo las 24 horas del día.
La
Bahía de La Habana tendrá un nuevo rostro cuando culmine el proyecto de
rehabilitación de esta zona otrora portuaria, industrial y contaminada.
Ya no será el principal puerto del país pero en cambio se convertirá en
una zona atractiva y de gran desarrollo turístico, según los planes.
“La
bahía es simbólica, fue lo que le dio origen a la ciudad y es parte de
lo que somos hoy”, explicó a AP el arquitecto Orlando Inclán, de la
Dirección de Proyectos de Oficina del Historiador, la dependencia
gubernamental que tiene a cargo la iniciativa. “Ahora le toca
redefinirse”.
El proyecto es una continuación de un remozamiento que comenzó en
la década de 1990 en La Habana Vieja, el casco histórico, en la entrada
de la bahía y el sur de la misma, donde se ubicaba la infraestructura
portuaria que había quedado rezagada.
El plan, esperan las
autoridades, revitalizará la economía, cambiará la imagen de barriada
deprimida y atraerá más turistas, mientras las actividades comerciales e
industriales tradicionales de la zona se mudarán al nuevo Puerto del
Mariel, 45 kilómetros al oeste.
Inclán sueña con un espejo de agua
recreativo lleno de gaviotas, pelícanos y veleros, con cubanos
disfrutando del fresco salitroso al atardecer, niños jugando y turistas
tomando una cerveza en espacios de sofisticado diseño.
Los deseos
del arquitecto comenzaron a hacerse posibles luego de que en el 2009 las
autoridades reconocieron que la infraestructura de la Bahía de La
Habana, en forma de bolsa con un pequeño canal de entrada poco profundo
por debajo del cual pasa un túnel, no podría ser ampliada.
Desde entonces, sus días como el puerto industrial más importante del país estaban contados.
“Además,
es una posibilidad de revertir el deterioro de toda la zona sur donde
hay falta de espacios públicos, de infraestructura, de valor ambiental”,
explicó Inclán.
Ahora, el proyecto rehabilitador se encuentra
ejecutado en un 50 por ciento y se espera para las semanas venideras la
inauguración, como parte de este, de una cervecería artesanal en lo que
fuera un galpón de depósito de tabaco.
Se contempla asimismo la
creación de un paseo marítimo flotante de madera, el rescate de una
antigua estructura para terminal de ferris y la construcción de parques
que se conectarán con un mercado de artesanos remozado en años
anteriores.
Esto se integraría con estructuras ya existentes como el atracadero de cruceros o la Aduana.
Se
sabe que el nuevo puerto del Mariel representó una inversión de 900
millones de dólares y fue construido con apoyo brasilero. Estará en
operaciones a finales del 2013 y se espera tenga una gran actividad a
partir del 2015, tras la ampliación del Canal de Panamá, pues permitirá
el tránsito de buques de gran calado.
En cambio, nadie quiso
detallar oficialmente cuánto dinero costará esta rehabilitación de la
Bahía de La Habana, pero los expertos coinciden en que tendrá un fuerte
impacto en la comunidad local y el turismo
Arturo López-Levy, un economista cubano que se desempeña en la
Universidad de Denver, calculó que un proyecto semejante podría superar
los 100 millones de dólares, teniendo en cuenta la limpieza ambiental y
el costo de trasladar la actividad industrial.
“Hay una apuesta
por reanimar la inversión y el desarrollo en el turismo como una de las
industrias más importantes”, comentó a AP López-Levy.
Proyectada y
supervisada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, desde los 90
al frente de la exitosa restauración y gestión patrimonial de La Habana
Vieja, la rehabilitación de la Bahía es también una apuesta a un futuro
sin sanciones económicas de Estados Unidos.
Cuba recibió en el
2012 unos 2,8 millones de turistas, que generaron ingresos del orden de
los 2,600 millones de dólares –un motor de las finanzas isleñas–; pero
el gobierno de Estados Unidos prohíbe a sus ciudadanos visitar la isla
so pena de ser sancionados.
“El puerto del Mariel modernizado y el
de La Habana, acondicionado para más viajes, sería un catalizador para
acelerar las relaciones comerciales ya permitidas o por permitir en
Washington”, agregó López-Levy, avizorando una invasión de
estadounidenses si se les permite venir a la isla sin restricciones.
Junto
con la popular playa de Varadero, La Habana Vieja es actualmente el
principal destino de los turistas y el levantamiento de las sanciones
contra Cuba significaría, según analistas, una avalancha de entre uno y
cinco millones de estadounidense anualmente, deseosos de conocer la
fruta prohibida por décadas.
“La Habana está lista para un cambio
sensible”, dijo a AP el urbanista cubano Julio César Pérez, quien se
desempeña como profesor visitante en la Universidad de Harvard.
Ya
en el 2002, Pérez, autor de dos libros sobre arquitectura cubana, había
proyectado de manera independiente del gobierno un plan maestro de
reanimación de La Habana que tenía al litoral y a su Bahía como eje.
“Así se puede generar riqueza, valores, cultura. Junto con esto… se debe atender el problema de la vivienda”, explicó Pérez.
El
reclamo de Pérez tiene un asidero fuerte: la construcción y el
mantenimiento del fondo habitacional es uno de los problemas más serios
de la isla y en especial de La Habana, donde la salinidad y el clima
provocan decenas de derrumbes cada año.
Los arquitectos del
proyecto dicen que el plan de rehabilitación en marcha constituirá un
cambio en la calidad de vida al sur de La Habana Vieja, la parte menos
agraciada –debido al viejo puerto– en comparación con la entrada de la
Bahía en la cual se concentró hasta ahora la labor de la Oficina del
Historiador y el turismo.
“Tal como pasa con muchas ciudades que
transformaron su zona marítima, La Habana está teniendo esta oportunidad
y precisamente en el mismo centro de la ciudad”, dijo a AP la
arquitecta Claudia Castillo, quien como Inclán trabaja para la Oficina
del Historiador.
Ambos arquitectos destacaron las facilidades que ofrece el hecho de que el suelo sea de propiedad pública.
“Todo
el espacio alrededor de la Bahía pertenece al Estado. Es una de las
grandes herramientas que tiene como controlador del suelo urbano”,
explicó Castillo.
Paralelamente, las autoridades intensificaron el
trabajo de descontaminación de la Bahía que comenzó en el 2006 y entre
las acciones ya se concretaron el cierre de vertederos y una planta de
tratamiento de aguas en el río Luyanó, aunque todavía una vieja
refinería no será removida.
Para los especialistas, La Habana y su Bahía, con su altura acotada y su estilo ecléctico, deben cuidarse del empuje ascendente.
“No
creo que la construcción de edificios altos beneficie a La Habana… No
sirve de nada parecerse a Hong Kong, ni a Toronto, ni a Nueva York”,
expresó el urbanista Pérez.
Poco a poco los vecinos se dieron
cuenta del alcance de la rehabilitación en marcha y algunos que pensaban
en mudarse desistieron de la idea.
“¡Un futuro luminoso es lo que
yo veo de la zona del puerto!”, exclamó Runero Peña, de 64 años de edad
y residente en la zona aledaña a la Bahía. “Estamos muy contentos, se
sabe que es un programa a largo plazo, que no va a ser de hoy para
mañana… Pero va a tener buen desarrollo esta zona”, agregó optimista.
Tomado de El Nuevo Herald
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